La experiencia de los españoles en el mundo de la inversión es corta, habiéndose iniciado recientemente muchas familias a través de los fondos, aunque algunas han "jugado" en algún momento en bolsa. La misma equiparación de una inversión con el término juego demuestra por sí misma su carácter marginal y el sentido de azar presupuestado. El conocimiento de los dos principales valores mobiliarios (renta fija y acciones) es escaso, midiéndose los resultados con dos calibres distintos. Los beneficios o las pérdidas de la renta variable, se aceptan, por desconocidos; bajo el prisma ya citado del "juego", una reducción en la cotización de un valor del 20% se asume, pero que un fondo de renta fija ofrezca una merma en su precio sorprende y no se acepta. En un intento de explicar que los bonos y obligaciones, y por lo tanto los fondos que invierten en ellos, pueden ofrecer pérdidas, vamos a refrescar la memoria con el pasado. ¿Qué ocurrió con los tipos de interés durante 1994? Dentro de los diferentes plazos a los que se emiten activos de rendimiento fijo, por citar un ejemplo, el bono a 10 años, cerrando 1993 en niveles del 8,16%, bajó durante enero hasta llegar al 7,75% para repuntar espectacularmente con posterioridad hasta un máximo del 11,64% en el último día del ejercicio. ¿Qué efecto tuvo este proceso en los precios de la renta fija y, por ende, en el rendimiento de los fondos que se alimentaban de esta clase de valor? En un principio, durante enero, los precios se incrementaron como consecuencia de la bajada de 41 puntos básicos, pero después, la subida de los tipos abarató el precio de los activos y, consecuentemente, los desvalorizó. Este hecho no fue entendido por muchas personas que pensaban que la "renta fija era un activo con el que no se puede perder" e inquirían quién se había quedado con su dinero. Seguidamente vamos a detallar el funcionamiento "elemental" de las normas de mercado, que demuestra cómo puntualmente puede perderse con un título de renta fija. Imaginemos que compramos hoy una obligación por un euro a un tipo de interés del 10% que vencerá dentro de un año, momento en el que nos devolverán el euro. Mañana queremos vender este título (o tan sólo saber qué vale, qué nos darán por él), si los tipos de interés no han variado, la cotización del título habrá crecido recogiendo la periodificación del cupón, pero ¿qué valor tendría si se hubieran modificado? El resultado final es que una fluctuación en el rendimiento de los tipos habrá afectado hoy al valor (a la cotización) del título, ofreciendo un beneficio en caso de bajada o una pérdida por una subida.
¿Qué hubiera ocurrido si no se vende el título? Hoy el bono valdrá más o menos que ayer, pero en la medida que no se venda no se hará material el beneficio o la pérdida. Aunque valga más o menos, su tenedor percibirá durante la vida de la emisión la rentabilidad a la que lo compró, incluyendo en ella la amortización en el vencimiento. Éste es precisamente el sentir de muchas personas: compraron deuda y han ido cobrando los cupones hasta llegar a la amortización. Estas personas no han perdido (ni ganado de más), sino que han percibido el tanto por ciento prometido, y a estas personas les sorprende que un fondo de renta fija pueda -en un momento dado- ofrecer pérdidas.
Un fondo de renta fija nutre su cartera de títulos de renta fija valorando diariamente su cartera. En base a que las cotizaciones, que son consecuencia de las oscilaciones en los tipos de interés, hayan subido o bajado, el patrimonio valorado del fondo será mayor o menor, llevando implícito este hecho un beneficio o una pérdida "tácitas". Si el partícipe del fondo opta por reembolsar habrá materializado el beneficio o la pérdida; si no lo hace, los rendimientos financieros adecuarán la rentabilidad a la del momento de la compra en función de la duración de la cartera.
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